El Centro de Educación Infantil Montesano se concibe como una arquitectura profundamente ligada a la vocación educativa de su promotor y a la voluntad de crear un entorno cercano, seguro y estimulante para niños de entre 0 y 3 años. La arquitectura se plantea como una herramienta pedagógica silenciosa, capaz de acompañar el desarrollo emocional, sensorial y social de los primeros años de vida desde la calma y la confianza.
Ubicado en la urbanización Montesano de San Antonio de Benagéber, el centro se integra en un entorno educativo consolidado, próximo a colegios de primaria y secundaria, facilitando la conciliación familiar y reduciendo los desplazamientos cotidianos. La implantación responde tanto a criterios funcionales como a una clara intención de arraigo en el tejido social del barrio, entendiendo la escuela como un lugar próximo y reconocible.
El proyecto adopta una escala doméstica y amable, alejándose deliberadamente de la imagen institucional tradicional. A través de una arquitectura de volúmenes sencillos, cubiertas inclinadas y una cuidada relación entre interior y exterior, el edificio se percibe como un pequeño conjunto de “casas”, cercanas y comprensibles para los niños, donde la orientación, la luz y la continuidad espacial refuerzan la sensación de pertenencia, seguridad y bienestar.
Espacios exteriores y relación con el entorno
Los espacios exteriores constituyen uno de los elementos vertebradores del proyecto y forman parte activa de la experiencia educativa. El acceso principal se realiza desde el final de la Calle Ponent, a través de una gran puerta corredera que permanece abierta durante los horarios de entrada y salida, permitiendo un control visual directo desde las áreas de personal del centro y reforzando la sensación de acogida.
La llegada se concibe como un espacio amplio, generoso y pausado, capaz de absorber la coincidencia de padres, niños y cochecitos, y de favorecer las relaciones cotidianas entre las familias. Bancos, zonas de estancia y recorridos suaves transforman este ámbito en un lugar de encuentro, más allá de su función estrictamente funcional.
Los desniveles naturales de la parcela se aprovechan para generar un recorrido perimetral continuo y accesible, mediante rampas que envuelven el edificio en un circuito de 360º. Este recorrido invita a pasear, correr y explorar, convirtiéndose en una extensión del aprendizaje y el juego. Se diferencian dos circulaciones: la de llegada, que conduce directamente a cada aula, y la de salida, vinculada a los patios exteriores, concebidos como un gran espacio común articulado por niveles, pero visualmente continuo y compartido.
Luz natural e iluminación
La luz natural se convierte en uno de los elementos esenciales del proyecto. Durante el día, los espacios se inundan de una iluminación homogénea y controlada, que acompaña los ritmos naturales de los niños y refuerza la percepción del paso del tiempo, creando ambientes vivos pero serenos.
La iluminación artificial, tanto interior como exterior, se plantea de manera discreta e integrada en la arquitectura. En el interior, refuerza la atmósfera cálida y tranquila necesaria para el desarrollo infantil. En el exterior, acompaña recorridos y patios, garantizando seguridad y confort visual sin alterar el carácter doméstico y cercano del conjunto.
Arquitectura e interior del centro
El edificio se desarrolla como un centro de pequeñas dimensiones, unitario y fácilmente reconocible, inspirado en los principios pedagógicos de las escuelas Reggio Emilia. La arquitectura favorece la orientación, la lectura global del espacio y la autonomía de los niños, evitando recorridos complejos y jerarquías rígidas, y permitiendo que el edificio se entienda y se recorra con naturalidad.
Las aulas se disponen en una secuencia clara según edades, desde los 0–1 años hasta los 2–3 años, adaptando recorridos y distancias a las capacidades de cada grupo. Cada aula cuenta con acceso directo desde el exterior y con su propio patio, reforzando una relación constante entre el “dentro” y el “fuera” y ampliando las posibilidades de uso y aprendizaje.
Los espacios interiores se diseñan para transmitir calma, serenidad y seguridad afectiva. Se evitan estímulos excesivos y se favorecen ambientes flexibles, capaces de acoger actividades diversas a lo largo del día. El mobiliario y la organización espacial permiten la personalización de pequeños ámbitos por parte de cada niño, reforzando el sentimiento de pertenencia y facilitando una transición suave entre el hogar y la escuela.
La transparencia de los grandes cerramientos acristalados permite una relación visual constante entre aulas, patios y recorridos, favoreciendo la conexión social y el control natural, al tiempo que garantiza un soleamiento continuo y ventilaciones cruzadas este–oeste. La materialidad del edificio, sobria, luminosa y cálida, contribuye al confort ambiental y a una atmósfera doméstica y acogedora. Las aulas se conciben como ámbitos luminosos, cálidos y fácilmente reconocibles, pensados para acompañar el desarrollo emocional y sensorial de los niños desde la calma y la seguridad. La arquitectura interior apuesta por una geometría sencilla, proporciones domésticas y una materialidad amable, donde los tonos claros y la presencia de la madera refuerzan una atmósfera serena. Se organizan como espacios flexibles y polivalentes, con una relación directa y constante con los patios exteriores.














































































































































