El proyecto Casa y Restaurante Babú aborda la convivencia de dos usos diferenciados —residencial y terciario— dentro de un único edificio, a través de una implantación clara y una organización funcional bien articulada. La arquitectura aprovecha la topografía de la parcela para situar el restaurante en la planta semisótano, con accesos independientes y funcionamiento autónomo, mientras que la vivienda se desarrolla en las plantas sobre rasante, preservando su intimidad y carácter doméstico.
La volumetría del conjunto se compone mediante piezas compactas y escalonadas, de geometría limpia y lenguaje contemporáneo, que responden tanto a las condiciones urbanísticas como a la voluntad de diferenciar ambos programas. Las fachadas se resuelven de forma contenida, modulando las aperturas hacia el entorno urbano y reforzando la privacidad de la vivienda.
El restaurante se relaciona con el exterior a través de una terraza protegida, concebida como una extensión natural del espacio interior, donde la arquitectura filtra las vistas y genera un ambiente recogido y confortable. En el interior, la organización funcional, la materialidad sobria y una iluminación cuidadosamente integrada construyen un espacio cálido y flexible, adaptado al uso cotidiano del local.
El resultado es un edificio equilibrado, donde cada programa encuentra su lugar sin interferencias, y donde arquitectura, uso y contexto se entrelazan de forma coherente dentro de una única pieza construida.
Exterior · vivienda
La vivienda se concibe como una pieza arquitectónica clara y bien asentada, donde la volumetría escalonada y la geometría contenida responden tanto a las condiciones urbanísticas como a la necesidad de diferenciar los usos del conjunto. La edificación se adapta a la pendiente de la parcela, permitiendo separar de manera natural el ámbito residencial del uso terciario situado en el semisótano.
El lenguaje exterior se apoya en volúmenes compactos y líneas limpias, con un tratamiento homogéneo de las fachadas que refuerza una imagen contemporánea y sobria. Los retranqueos y vuelos superiores aportan profundidad y matizan la escala del conjunto, al tiempo que protegen los huecos y regulan la relación visual con el entorno urbano inmediato.
La vivienda se desarrolla en plantas sobre rasante claramente reconocibles, reservando las aperturas principales a las orientaciones más favorables, mientras que las fachadas más expuestas se resuelven de forma más contenida, reforzando la sensación de recogimiento interior. El cerramiento perimetral y los elementos verticales de protección visual completan esta idea de transición, estableciendo un paso gradual entre el espacio público y el ámbito doméstico.
La materialidad exterior, continua y de tonos neutros, contribuye a una lectura unitaria del edificio, favoreciendo una integración equilibrada con el entorno y dotando al conjunto de una identidad arquitectónica sobria y duradera.
Restaurante Babú
El restaurante se sitúa en la planta semisótano del edificio, aprovechando la topografía y la vía de servicio para generar un acceso independiente y claramente diferenciado del uso residencial. Esta condición permite que el local funcione de manera autónoma, sin interferir en la vida cotidiana de la vivienda situada en las plantas superiores.
La relación con el exterior se construye a través de una terraza protegida, entendida como una prolongación natural del espacio interior. Los cerramientos y elementos verticales filtran las vistas desde el entorno urbano, creando un ámbito contenido y recogido, ajeno al tráfico y al ruido de la calle principal. La arquitectura actúa aquí como filtro y resguardo, generando un espacio exterior confortable y bien acotado para el uso del restaurante.
El interior se organiza de forma clara y funcional, con un comedor flexible capaz de adaptarse a distintas configuraciones según las necesidades del servicio. La barra y la cocina se integran de manera natural en el espacio, favoreciendo una lectura continua y fluida del conjunto.
La materialidad refuerza una atmósfera cálida y cercana. Los acabados neutros, la presencia de la madera y una iluminación cuidadosamente diseñada aportan confort y carácter al espacio, sin recurrir a elementos superfluos. La luz natural, filtrada a través de los grandes huecos hacia la terraza, se combina con una iluminación artificial puntual e indirecta que acompaña el uso del local a lo largo del día.
El resultado es un pequeño restaurante acogedor y bien integrado en el conjunto del edificio, donde arquitectura y uso conviven con naturalidad.










































